Mi Carrera


Curiosamente, algunos hablan del día primero de mayo como el día del trabajo mientras otros como el día del trabajador. Curioso, porque no existiría el trabajo sin el trabajador y, por ello, lo que se celebra es al trabajador.

dia-trabajador.jpgTodo trabajo es digno e importante porque es realizado por una persona humana. La dignidad del trabajo no reside en el tipo de trabajo que uno realiza sino en la persona humana que lo realiza. Por ello, es la persona humana que confiere dignidad a cualquier trabajo y es el trabajador que hace digno el trabajo.

Además, todo trabajo es importante porque si falla alguien se refleja en el conjunto. Es como una cadena donde todos los anillos son importantes ya que al fallar uno se rompe todo. La toma de decisiones, la limpieza, la acogida a la entrada, el papeleo ordenado forman un todo y como un todo dan una buena o mala impresión e influyen directamente sobre la eficiencia del trabajo.

A veces se confunde lo importante con la responsabilidad. Toda persona es importante simplemente porque es un ser humano, pero, evidentemente, en el trabajo algunos tienen más responsabilidad que otros. También se suele confundir lo importante con lo público. Algunos tienen un trabajo público, pero esto no les hace más importantes que otros. Basta preguntarle a un niño quién es más importante para él: ¿un personaje público o sus propios padres?

Esta visión que comprende la realidad a partir de la dignidad de lo humano se rompe en una sociedad clasista y racista, ya que en este caso se otorga una superioridad a un grupo social o a una raza, con la correspondiente asignación social de tipo de trabajo. Ya no se aprecia lo humano por ser humano sino por lo que pueda tener (características, poder, dinero, vestidos, etc.). Además, en este caso, tampoco se aprecia la habilidad personal sino simplemente la pertenencia social o racial. Resulta increíble y totalmente anacrónica esta mirada discriminatoria que es incapaz de apreciar lo humano simplemente por ser humano, es decir, de reconocer el “ser persona” por encima del “tener cosas”.

En la dinámica de la rutina cotidiana en el ambiente laboral, uno tiende a olvidarse que detrás de cada trabajo hay una persona humana, concreta y real. Por cierto, existen no sólo derechos sino también deberes en el trabajo, pero jamás debería arrojarse la vida de un trabajador a la arena del mercado como si fuera un elemento más entre otros tantos.

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Padre Alberto Hurtado

Mis queridos universitarios

Al tratar estas materias se experimenta cierta aprehensión y desconfianza instintiva y así tiembla uno, no ante el temor de las críticas de uno y otro lado, pues sabe que diga lo que diga no escapará de ellas, sino porque teniendo la misión de enseñar teme le falte el valor para decir la verdad toda entera, cosa a veces ¡tan difícil!, o bien, no sepa mantenerse en el justo equilibrio y punto medio donde se encuentra la virtud. Pero, a pesar de estos peligros, me he decidido a aceptar este tema por tres motivos:

1° Porque me parece sumamente adecuado para este retiro de preparación a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la fiesta del amor; y el deber social del universitario no es sino la traducción concreta a su vida de estudiante, hoy, y de futuro profesional, mañana, de las enseñanzas de Cristo sobre la dignidad de nuestras personas y sobre el mandamiento nuevo, su mandamiento característico, el del amor.

2° En segundo lugar, por la urgencia ardiente de los Papas a nosotros los sacerdotes a que expongamos claramente y sin vacilaciones este tema.

3° Y, finalmente, una tercera razón se desprende de vuestro carácter de universitarios: Callar sobre este tema ante otros auditorios sería grave, pero ante vosotros sería gravísimo y criminal, como que vosotros sois los constructores de esa sociedad nueva, vosotros seréis los guías intelectuales del País. Las profesiones, que forman la estructura de la vida nacional, serán lo que seáis vosotros, y vosotros obraréis en gran parte según la luz que tengáis de los problemas, y vuestra conducta social estará en gran parte condicionada por vuestra formación social.

Y sin más preámbulos entro en materia. El primer problema es ciertamente el de la vida interior, de allí y sólo de allí ha de venir la solución, la fuerza, el dinamismo necesario para afrontar los grandes sacrificios: el mundo no será devuelto a Cristo por cruzados que sólo llevan la cruz impresa en su coraza. La exigencia de nuestra vida interior lejos de excluir, urge una actitud social fundada precisamente en esos mismos principios que basan nuestra vida interior. No podríamos llegar a ser cristianos integrales si dándonos por contentos con una cierta fidelidad de prácticas, una cierta serenidad de alma, y un cierto orden puramente interior nos desinteresásemos del bien común; si profesando de la boca hacia fuera una religión que coloca en la cumbre de su moral las virtudes de justicia y caridad, no nos preguntáramos constantemente cuáles son las exigencias que ellas nos imponen en nuestra vida social donde esas virtudes encuentran naturalmente su empleo.

El católico ha de ser como nadie amigo del orden, pero el orden no es la inmovilidad impuesta de fuera, sino el equilibrio interior que se realiza por el cumplimiento de la justicia y de la caridad. No basta que haya una aparente tranquilidad obtenida por la presión de fuerzas insuperables; es necesario que cada uno ocupe el sitio que le corresponde conforme a su naturaleza humana, que participe de los trabajos, pero también de las satisfacciones, como conviene a hermanos, hijos de un mismo Padre. El católico rechaza igualmente la inmovilidad en el desorden y el desorden en el movimiento, porque ambos rompen el equilibrio interior de la justicia y la caridad.

El fiel, si quiere serlo en el pleno sentido de la palabra, es un perpetuo inconformista, que alimenta su hambre y sed de justicia en la palabra de Cristo, y que busca el camino de saciar esas pasiones devoradoras en las enseñanzas de la Iglesia que no es más que Cristo prolongado y viviendo entre nosotros.

La documentación Pontificia sobre la Acción Social es inmensa. A la luz de estas enseñanzas podemos, pues, marchar tranquilos. Su Santidad Pío XI decía con pena que los católicos del mundo entero bastante instruidos, en general, respecto de sus deberes individuales ignoran, en su gran mayoría, sus deberes sociales. Nosotros, al menos, no desoigamos la voz de nuestros Pontífices tan claramente expuesta en materia social.

Motivos que urgen la acción social. Antes que nada, nos apremia a movilizar todas nuestras fuerzas en favor de la solución social el conjunto de intereses gravísimos que está en juego. Se trata nada menos que de la vida de tantos de nuestros hermanos. Recordemos que la mortalidad infantil; los vagos que no tienen un techo que puedan llamar hogar, y andan errantes por los parques, se acurrucan en las puertas de las casas en el invierno y… ¡son hermanos nuestros!; la desnutrición que va afectando a nuestra raza; el alcoholismo que arruina tantos hogares, material y moralmente; las enfermedades sociales; la falta de instrucción; los hogares disueltos; el problema del alojamiento: ¡el frío! Rapidísimo vistazo a un mundo de problemas, cuya magnitud desconcierta y cuya importancia es trascendental para innumerables hermanos nuestros.

El orden social actual no responde al plan de la Providencia. La vida religiosa en cada uno de los medios sociales está dificultada actualmente por el problema del exceso o de la falta de medios de vida. Dios ha querido, al crearnos, que nos santificáramos. Éste ha sido el motivo que explica la creación: Tener santos en el mundo; tener hijos de Él en los cuales se manifestaran los esplendores de su gracia. Ahora bien, ¿cómo santificarse en el ambiente actual si no se realiza una profunda reforma social?

Aquí convendría insinuar la primera conclusión práctica para el universitario católico. Cada uno debe conocer el problema social general, las Doctrinas Sociales que se disputan el mundo, sobre todo su Doctrina, la doctrina de la Iglesia; debe conocer la realidad chilena y debe tener una preocupación especial por estudiar su carrera en función de los problemas sociales propios de su ambiente profesional. Círculos de estudios sociales especializados por carrera, para realizar el ideal de Pío XII, elemento substancial del orden nuevo: la elevación del proletariado. Este estudio de nuestra doctrina social ha de despertar en nosotros antes que nada un sentido social hondo, y antes que nada inconformismo ante el mal, lo que Jules Simon ha denominado admirablemente el sentido del escándalo.

Meditación en la fiesta del Sagrado Corazón,
pronunciada en la Universidad Católica,
5 de junio de 1945

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Definición:

El Asistente Social es un profesional capaz de colaborara en la solución de los problemas que afectan a las personas como integrantes de una familia y miembros de una comunidad, con el fin de mejorar sus condiciones de bienestar social.

Descripción de la Carrera

La carrera de Servicio Social está orientada a formar profesionales de las ciencias sociales que aplican teorías y métodos para investigar, planificar, promover, prevenir, educar y rehabilitar a la población, interviniendo en las políticas sociales, para buscar el bienestar social.

El plan de estudios contempla los fundamentos teóricos de la disciplina, pero enfatiza el desarrollo de competen-cias profesionales orientadas a la aplicación de métodos de intervención social. Por ello, contempla diversos talleres a ser realizados en campos de práctica, así como una completa prepa-ración para el desempeño profesional.

Por qué estudiar esta Carrera

Cada día son más las organizaciones que se dedican a la elaboración y gestión de proyectos sociales, como una forma de satisfacer las necesidades de las personas que las integran, lo que exige a los profesionales de las ciencias sociales estar capacitados para responder a la alta demanda de soluciones rápidas y efectivas, a través de una formación actualizada.

La formación del Asistente Social le permite favorecer las relaciones entre el individuo y su medio, promoviendo el crecimiento y desarrollo de éste, como integrante de una familia y miembro de la comunidad, ayudando integralmente al bienestar social.

Perfil del Postulante

  • Espíritu de servicio.
  • Tolerancia para aceptar la diversidad humana.
  • Confianza en la posibilidad de cambio de las personas.
  • Sensibilidad social para interesarse en el conocimiento del hombre actual y sus problemáticas.

El Asistente Social podrá desempeñarse en

  • Municipalidades,
  • hogares de menores,
  • comunidades terapéuticas,
  • centros comunitarios.
  • Juzgados,
  • hospitales,
  • colegios y otras instituciones públicas.
  • Empresas privadas y consultoras.
  • Organizaciones no gubernamentales.
  • Ejercicio libre de la profesión.