Iglesia


Queridas hermanas y hermanos:

Es una gran alegría estar reunidos en la Catedral de Santiago -en el corazón de la ciudad- en este 1º de mayo, fiesta de San José Obrero, junto a nuestro Pastor, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, y junto a ustedes, trabajadores y trabajadoras, hombres y mujeres dedicados al servicio público desde los sindicatos, desde el parlamento, el gobierno y la oposición, para celebrar y agradecer los 30 años de la Vicaría para la Pastoral de los Trabajadores.

Celebrar implica no sólo mirar con atención el paso de la acción fecunda de Cristo Resucitado por la historia de la Vicaría, de la Iglesia y de nuestro país. Es también una invitación a escrutar los signos de los tiempos en medio de las angustias y esperanzas de nuestras hermanas y hermanos trabajadores que en Chile hoy nos interpelan. Para todos es claro que el desafío de la justicia y el compromiso social sigue tan vigente como el año en que nació nuestra querida Vicaría, aunque sea en un contexto muy diferente.

1. El evangelio del trabajo

Hace pocos días nuestro Cardenal Arzobispo de Santiago, en su mensaje de Pascua de Resurrección, a propósito de la vigencia del mensaje de Jesucristo, nos enfatizaba que “la violencia, la separación, la injusticia, la falsedad, la muerte y el mal no pueden tener la última palabra. No pueden tenerla, y no la tienen. La última palabra no la tiene el odio sino el amor, tampoco la muerte, pero sí la vida; no la tiene la enemistad sino la reconciliación, tampoco la mentira pero sí la verdad, no la tiene la violencia sino la paz”.

Si aplicamos esta certeza a la vida de los trabajadores tendremos que reconocer que, mientras persistan los problemas de acceso y calidad del empleo, será muy difícil vivir en una sociedad solidaria y lograr la anhelada equidad social. De ahí que sean tan pertinentes las palabras del Papa Juan Pablo en su visita a Chile el año 1987: “El trabajo estable y justamente remunerado posee, más que ningún otro subsidio, la posibilidad intrínseca de revertir aquel proceso circular que han llamado “repetición de la pobreza y de la marginalidad”, y añade: “No descansemos hasta no ver hecho posible para todos el acceso a ese auténtico derecho fundamental para la persona humana, el derecho – correlativo al deber- de trabajar”.

En el evangelio del trabajo tenemos el ejemplo más convincente de solidaridad. Dios todopoderoso que, en su grandeza trasciende totalmente a los hombres, no es un Dios del ocio sino un Dios que trabaja por nuestro bien y nos invita a colaborar con Él, en bien de todos, especialmente de los más pobres y abandonados. Por amor, ¡por solidaridad!, se hace hombre, y lleva como uno más una vida de trabajo. Jesucristo es el mejor ejemplo de solidaridad sin fronteras que los trabajadores y la sociedad entera están llamados a seguir e imitar. Dondequiera que un hombre o una mujer desarrolle su actividad, trabaje, ame y sufra, ahí está presente Cristo.

En su reciente Carta Apostólica sobre la Eucaristía, el Papa Benedicto XVI nos recuerda que “el trabajo reviste una importancia primaria para la realización del hombre y el desarrollo de la sociedad, y por eso es preciso que se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien común. Al mismo tiempo, es indispensable que el hombre no se deje dominar por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en él el sentido último y definitivo de la vida” (Sacramentum Caritatis, 74).

2. La solidaridad hoy: un imperativo con el mundo del trabajo

Jesucristo sufría con la falta de solidaridad y por eso quería que fuéramos discípulos suyos en ésta actitud. De hecho la solidaridad es una verdadera y propia virtud moral y social, no un “sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas”, como lo decía Juan Pablo II. “Al contrario, [la solidaridad] es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (Sollicitudo Rei Socialis, 38). Es, por tanto, verdaderamente solidario quien transforma en actos de justicia su compasión por los otros, tal como lo afirmara San Alberto Hurtado.

Hoy es urgente multiplicar los mecanismos y energías para llegar a ser una sociedad más justa y solidaria. El “alma de Chile” y su gente conocen bien el significado de la solidaridad. Sin embargo, lo decimos con dolor, Chile es el tercer país con la peor distribución del ingreso en América Latina. Esta grave anomalía afecta a toda la sociedad y, obviamente, a los más pobres. Y ya sabemos que “los pobres no pueden esperar”; tampoco los trabajadores de nuestro país.

Hay quienes piensan que hay un antagonismo irreconciliable entre prosperidad y solidaridad, entre políticas de protección social y crecimiento económico. En el designio de Dios, cada uno de sus hijos está llamado a vivir conforme a su dignidad. No mañana: hoy.

Chile ha crecido mucho en las últimas décadas, pero el crecimiento económico por sí solo no es suficiente para solucionar los problemas laborales. Esta realidad, sin embargo, no nos quita la vergüenza de vivir en un país al que aún le falta tanto para que haya una mayor equidad y una distribución más justa de los bienes que el Creador puso en nuestras manos para que llegue dignamente el pan a las mesas de todos sus hijos y sus hijas.

3. La solidaridad hoy exige acortar las brechas

La solidaridad hoy exige acortar las brechas y ponerse manos a la obra en muchos frentes. Uno de ellos se debate en estos días: el acceso, las oportunidades y la calidad en el campo de la educación. Por eso la Iglesia piensa que un debate serio sobre la educación es central para nuestro país.

La baja calidad y falta de equidad en los servicios sociales son un acuciante desafío, particularmente en la educación y también en la salud. Es otra brecha que debemos acortar. En ambos casos se ha logrado una cobertura muy amplia. Sin embargo, la calidad de los servicios aún es insatisfactoria, y son los más pobres quienes más las sufren.

Hay también otras realidades que nos interpelan, como el acceso a una vivienda digna y las deficiencias del transporte público. ¿Quienes sufren principalmente las fallas y los errores ? Lamentablemente, los pobres: los que no debieran esperar.

4. “¿No es este el hijo de José el carpintero?”

Los estudios nos señalan que en Chile hay fuertes formas de discriminación en el mercado laboral. Esto se agrava aún más cuando se trata de mujeres, jóvenes, minorías étnicas e inmigrantes. Una sociedad que se funda sobre el respecto irrestricto de la dignidad de cada persona no excluye, no margina: siempre incluye, siempre ofrece, siempre da oportunidades.

Y más encima el trabajador que viene de La Legua, El Volcán o el campamento El Gomero es mal mirado, es discriminado. Eso es lo que en su tiempo sufrió el mismo Jesús cuando la gente se preguntaba: “¿No es el hijo de José el carpintero?… ¿de dónde le viene todo esto?” O, cuando decían, “¿acaso de Nazaret puede salir algo bueno?”…. El evangelio de hoy nos interpela porque Jesús no es acogido entre los oyentes de su pueblo. Un trabajador, un campesino, un hijo de carpintero, no podía humanamente enseñar con la sabiduría de los escribas y doctores de la ley. El rechazo a Jesús, al hijo del carpintero, es el rechazo a la sabiduría de Dios, que siendo grande se hizo pequeño, siendo rico se hizo pobre, siendo fuerte se hizo débil, a fin de engrandecernos con su pequeñez, enriquecernos con su pobreza, y fortalecernos con su debilidad.

5. El trabajo decente: una expresión de solidaridad

La solidaridad también se expresa en un trabajo digno, o lo que hoy se llama un “trabajo decente” y en la necesidad de disminuir la alta tasa de informalidad.

El trabajo decente es un concepto con múltiples dimensiones, entre las que se incluye contar con adecuadas condiciones de trabajo, remuneraciones justas, estabilidad contractual, protección social para los trabajadores y un equilibrio entre el empleo y la vida familiar.

Nuestro país constituye para muchos un ejemplo en América Latina y hay razones para pensarlo. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo denuncia que sólo un 32 % de los trabajadores posee lo que se califica como un “trabajo decente”. ¡Menos de un tercio de los hijos e hijas de Chile tiene un trabajo decente!

Hoy no sólo es necesario avanzar en materia de cobertura de empleo, sino también en calidad del mismo.

6. El derecho a una vida digna en la vejez

La solidaridad debe expresarse también con los adultos mayores. Por esta razón miramos con especial atención la discusión sobre la reforma al sistema de pensiones. Aquí hay una gran oportunidad para corregir algunas de las más profundas desigualdades de nuestro país. Es muy importante que las personas tengan ingresos más seguros durante la vejez, para así vivir dignamente. También lo es la situación de las mujeres y los trabajadores independientes porque son más vulnerables.

Sostener la reforma sobre la base de la solidaridad con nuestros mayores es un imperativo ineludible. Por eso, la protección frente al desempleo, frente a los problemas de salud y frente a la vejez, constituyen desafíos que debemos enfrentar con seriedad y responsabilidad.

7. Negociación colectiva: un instrumento de solidaridad con los trabajadores

El Magisterio de la Iglesia Universal y nuestra Iglesia chilena reconocen la función fundamental desarrollada por los sindicatos de trabajadores, cuya razón de ser consiste en el derecho de los trabajadores a formar asociaciones o uniones para defender los intereses vitales de la sociedad . Ahora bien, el contexto socioeconómico actual, caracterizado por procesos de globalización económico-financiera cada vez más vastos y más rápidos, requiere de la renovación de los sindicatos. En la actualidad los sindicatos están llamados a actuar en formas nuevas .

La solidaridad también debe expresarse en el fortalecimiento de los sindicatos como instrumentos para mejorar la producción y la calidad de vida de los trabajadores. Esta afirmación de la Doctrina Social de la Iglesia no solo debe ser entendida por el mundo de los trabajadores. Es fundamental que los empleadores entiendan al sindicato como un aliado en sus actividades productivas y no a un enemigo, como muchas veces es tratado. En este contexto, nos parece importante que se revise y discuta ampliamente las normativas que rigen el proceso de negociación colectiva, para convertirlas en un instrumento real de dialogo, en un clima de confianza, entre empleadores y trabajadores.

8. Responsabilidad Social empresarial es una expresión de solidaridad

Un signo de esperanza en nuestros tiempos es el surgimiento de empresas con auténtica responsabilidad social. Esta responsabilidad Social de la Empresa es también justicia social y compromiso con la persona y la familia del trabajador. Los empresarios y dirigentes que administran sus empresas con responsabilidad social realizan prácticas empresariales abiertas y transparentes, generan utilidades o beneficios no sólo para los accionistas y asociados, sino también para los trabajadores, la sociedad y el Estado, asegurando el desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida a todos los que se relacionan directamente con ella. Allí se construye la esperanza de que es posible la solidaridad hoy.

Como Vicario de la Pastoral Social y de los Trabajadores me ha tocado visitar muchas fábricas y empresas. En algunas de ellas he visto modelos de desarrollo que me llenan de orgullo y alegría. He visto a trabajadores contentos y realizados a quienes se les respetan sus horarios de trabajo y la libre asociación, se les remunera justamente por el trabajo realizado, encuentran espacio para el diálogo con sus empleadores, se les capacita para que puedan realizar con buenas herramientas personales el trabajo que se les encomienda. En fin lugares de trabajo donde el “capital humano” es central para el logro de las metas de producción y desarrollo de esas empresas.

9. Conferencia de Aparecida: una oportunidad de renovar nuestro compromiso por los más pobres y los trabajadores

Dentro de pocos días se dará inicio en Brasil, a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. En sus documentos de preparación se afirma con especial fuerza que “la evidencia empírica permite afirmar que en América Latina se mantiene una grave injusticia social, que frena el posible desarrollo humano de millones de habitantes. Y, para escándalo de muchos, todo esto sucede en un Continente de bautizados. Imposible dejar de preguntarse, ¿por qué la verdad de nuestra fe y de nuestra caridad no han tenido la debida incidencia social?”.

Les pido orar para que esta Conferencia sea guiada por el Espíritu del Señor e ilumine, con una fecunda reflexión, el caminar de la Iglesia Latinoamérica, y en especial la Chilena, para que la Iglesia siga estando junto a los predilectos de Dios, como lo hemos aprendido del Señor Jesús, para que así nuestros pueblos en Él tengan Vida.

En esta nueva etapa de la Vicaría de la Pastoral Social y de los Trabajadores, ante cada uno de Uds, trabajadores y trabajadoras, autoridades de gobierno, empresarios y fieles, hoy queremos reafirmar el compromiso de colaborar en la construcción de un orden social más justo y fraterno. Queremos encender una luz de esperanza que guíe y anime los esfuerzos que se realizan para que cada trabajador y trabajadora de nuestra patria pueda realizar la profunda vocación de ser un auténtico hijo e hija de Dios. Para que haya empresas más solidarias, trabajadores solidarios que se organizan, diálogo solidario y corresponsable entre empleadores y obreros. Es decir, ¡solidaridad hoy!

Este es el sueño de los padres de la patria, de O`Higgins, Carrera, Prat y Alberto Hurtado: una nación de hermanos no de enemigos, de libertad no de miseria. Una nación justa, no la vergüenza de la inequidad, un Chile con Alma solidaria, no un país rendido al individualismo.

Que los apóstoles del Señor Jesús -pescadores artesanales, labradores, ex cobradores de impuestos- nos inspiren con su testimonio del Resucitado. Que San José Obrero, varón justo y solidario, nos sostenga en las horas de fatiga. Que San Alberto Hurtado y Santa Teresita de Los Andes iluminen nuestras tareas y que Nuestra Señora del Carmen, Madre de nuestra patria nos acompañe constantemente con su amor. Amén

Pbro. Rodrigo Tupper Altamirano
Vicario de Pastoral Social y de los Trabajadores
Catedral de Santiago
Fiesta de San José Obrero
1º de mayo de 2007

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Venerados Hermanos en el Episcopado,
queridos hermanos y hermanas:

La Jornada Mundial de Oración por las vocaciones de cada año ofrece una buena oportunidad para subrayar la importancia de las vocaciones en la vida y en la misión de la Iglesia, e intensificar la oración para que aumenten en número y en calidad. Para la próxima Jornada propongo a la atención de todo el pueblo de Dios este tema, nunca más actual: la vocación al servicio de la Iglesia comunión.

240407app.jpgEl año pasado, al comenzar un nuevo ciclo de catequesis en las Audiencias generales de los miércoles, dedicado a la relación entre Cristo y la Iglesia, señalé que la primera comunidad cristiana se constituyó, en su núcleo originario, cuando algunos pescadores de Galilea, habiendo encontrado a Jesús, se dejaron cautivar por su mirada, por su voz, y acogieron su apremiante invitación: «Seguidme, os haré pescadores de hombres» (Mc 1, 17; cf Mt 4, 19). En realidad, Dios siempre ha escogido a algunas personas para colaborar de manera más directa con Él en la realización de su plan de salvación. En el Antiguo Testamento al comienzo llamó a Abrahán para formar «un gran pueblo» (Gn 12, 2), y luego a Moisés para liberar a Israel de la esclavitud de Egipto (cf Ex 3, 10). Designó después a otros personajes, especialmente los profetas, para defender y mantener viva la alianza con su pueblo. En el Nuevo Testamento, Jesús, el Mesías prometido, invitó personalmente a los Apóstoles a estar con él (cf Mc 3, 14) y compartir su misión. En la Última Cena, confiándoles el encargo de perpetuar el memorial de su muerte y resurrección hasta su glorioso retorno al final de los tiempos, dirigió por ellos al Padre esta ardiente invocación: «Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándote a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos, y yo mismo esté con ellos» (Jn 17, 26). La misión de la Iglesia se funda por tanto en una íntima y fiel comunión con Dios.

La Constitución Lumen gentium del Concilio Vaticano II describe la Iglesia como «un pueblo reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (n. 4), en el cual se refleja el misterio mismo de Dios. Esto comporta que en él se refleja el amor trinitario y, gracias a la obra del Espíritu Santo, todos sus miembros forman «un solo cuerpo y un solo espíritu» en Cristo. Sobre todo cuando se congrega para la Eucaristía ese pueblo, orgánicamente estructurado bajo la guía de sus Pastores, vive el misterio de la comunión con Dios y con los hermanos. La Eucaristía es el manantial de aquella unidad eclesial por la que Jesús oró en la vigilia de su pasión: «Padre… que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado» (Jn 17, 21). Esa intensa comunión favorece el florecimiento de generosas vocaciones para el servicio de la Iglesia: el corazón del creyente, lleno de amor divino, se ve empujado a dedicarse totalmente a la causa del Reino. Para promover vocaciones es por tanto importante una pastoral atenta al misterio de la Iglesia!comunión, porque quien vive en una comunidad eclesial concorde, corresponsable, atenta, aprende ciertamente con más facilidad a discernir la llamada del Señor. El cuidado de las vocaciones, exige por tanto una constante «educación» para escuchar la voz de Dios, como hizo Elí que ayudó a Samuel a captar lo que Dios le pedía y a realizarlo con prontitud (cf 1 Sam 3, 9). La escucha dócil y fiel sólo puede darse en un clima de íntima comunión con Dios. Que se realiza ante todo en la oración. Según el explícito mandato del Señor, hemos de implorar el don de la vocación en primer lugar rezando incansablemente y juntos al «dueño de la mies». La invitación está en plural: «Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38). Esta invitación del Señor se corresponde plenamente con el estilo del «Padrenuestro» (Mt 9, 38), oración que Él nos enseñó y que constituye una «síntesis del todo el Evangelio», según la conocida expresión de Tertuliano (cf De Oratione, 1, 6: CCL 1, 258). En esta perspectiva es iluminadora también otra expresión de Jesús: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre celestial» (Mt 18, 19). El buen Pastor nos invita pues a rezar al Padre celestial, a rezar unidos y con insistencia, para que Él envíe vocaciones al servició de la Iglesia!comunión.

Recogiendo la experiencia pastoral de siglos pasados, el Concilio Vaticano II puso de manifiesto la importancia de educar a los futuros presbíteros en una auténtica comunión eclesial. Leemos a este propósito en Presbyterorum ordinis: «Los presbíteros, ejerciendo según su parte de autoridad el oficio de Cristo Cabeza y Pastor, reúnen, en nombre del obispo, a la familia de Dios, como una fraternidad unánime, y la conducen a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo» (n. 6). Se hace eco de la afirmación del Concilio, la Exhortación apostólica post!sinodal Pastores dabo vobis, subrayando que el sacerdote «es servidor de la Iglesia comunión porque !unido al Obispo y en estrecha relación con el presbiterio! construye la unidad de la comunidad eclesial en la armonía de las diversas vocaciones, carismas y servicios» (n. 16). Es indispensable que en el pueblo cristiano todo ministerio y carisma esté orientado hacia la plena comunión, y el obispo y los presbíteros han de favorecerla en armonía con toda otra vocación y servicio eclesial. Incluso la vida consagrada, por ejemplo, en su proprium está al servicio de esta comunión, como señala la Exhortación apostólica post!sinodal Vita consecrata de mi venerado Predecesor Juan Pablo II: «La vida consagrada posee ciertamente el mérito de haber contribuido eficazmente a mantener viva en la Iglesia la exigencia de la fraternidad como confesión de la Trinidad. Con la constante promoción del amor fraterno en la forma de vida común, la vida consagrada pone de manifiesto que la participación en la comunión trinitaria puede transformar las relaciones humanas, creando un nuevo tipo de solidaridad» (n. 41).

En el centro de toda comunidad cristiana está la Eucaristía, fuente y culmen de la vida de la Iglesia. Quien se pone al servicio del Evangelio, si vive de la Eucaristía, avanza en el amor a Dios y al prójimo y contribuye así a construir la Iglesia como comunión. Cabe afirmar que «el amor eucarístico» motiva y fundamenta la actividad vocacional de toda la Iglesia, porque como he escrito en la Encíclica Deus caritas est, las vocaciones al sacerdocio y a los otros ministerios y servicios florecen dentro del pueblo de Dios allí donde hay hombres en los cuales Cristo se vislumbra a través de su Palabra, en los sacramentos y especialmente en la Eucaristía. Y eso porque «en la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor» (n. 17).

Nos dirigimos, finalmente, a María, que animó la primera comunidad en la que «todos perseveraban unánimes en la oración» (cf Hch 1, 14), para que ayude a la Iglesia a ser en el mundo de hoy icono de la Trinidad, signo elocuente del amor divino a todos los hombres. La Virgen, que respondió con prontitud a la llamada del Padre diciendo: «Aquí está la esclava del Señor» (Lc 1, 38), interceda para que no falten en el pueblo cristiano servidores de la alegría divina: sacerdotes que, en comunión con sus Obispos, anuncien fielmente el Evangelio y celebren los sacramentos, cuidando al pueblo de Dios, y estén dispuestos a evangelizar a toda la humanidad. Que ella consiga que también en nuestro tiempo aumente el número de las personas consagradas, que vayan contracorriente, viviendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, y den testimonio profético de Cristo y de su mensaje liberador de salvación. Queridos hermanos y hermanas a los que el Señor llama a vocaciones particulares en la Iglesia, quiero encomendaros de manera especial a María, para que ella que comprendió mejor que nadie el sentido de las palabras de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc 8, 21), os enseñe a escuchar a su divino Hijo. Que os ayude a decir con la vida: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad» (Heb 10, 7). Con estos deseos para cada uno, mi recuerdo especial en la oración y mi bendición de corazón para todos.

BENEDICTUS PP. XVI

Agradecemos al Señor de la Vida

1. En nuestra 93ª Asamblea Plenaria, en Punta de Tralca, los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile hemos agradecido al Dios de la Vida por sus innumerables dones. Animados por la reciente celebración de la Resurrección de Jesucristo, nuestra esperanza, hemos orado y reflexionado acerca de algunos aspectos de nuestra labor pastoral, mirando el contexto de la actual realidad nacional.

2. Reflexionamos acerca de nuestro aporte a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. En ese espíritu, iniciamos también el camino de preparación de nuestras Orientaciones Pastorales para los próximos años, que elaboraremos a partir de un amplio proceso de participación. Para ello, hemos aprobado los aspectos prácticos de la primera Asamblea Eclesial Nacional para el próximo mes de octubre, que será antecedida de Asambleas Diocesanas.

3. En estos días hemos dado gracias al Señor por el recuerdo del vigésimo aniversario de la visita a Chile del Papa Juan Pablo II. Hemos podido comprobar la enorme vigencia de su mensaje y las deudas que, como sociedad, todavía tenemos frente a desafíos que nos siguen interpelando. Hemos agradecido a Dios por la vida, el ministerio y magisterio del Papa Benedicto XVI, de quien hemos recibido recientemente la Exhortación Apostólica sobre la Eucaristía. También hemos agradecido el legado del Cardenal Raúl Silva Henríquez, en este año en que celebramos el centenario de su natalicio. Releer su “sueño” de país, su testamento espiritual, su mirada hacia “el alma de Chile”, es un ejercicio que nos llena de esperanza.

4. Hemos mirado, a la luz de nuestros desafíos pastorales, los acontecimientos y debates de actualidad. Algunos nos preocupan particularmente.

Continúa la espera de los pobres

4.1. A pesar de esfuerzos y logros en materia de justicia social, la espera de muchos pobres continúa. Esperan ser escuchados, atendidos en el anhelo de ser protagonistas de su propia historia, incluidos en este mundo global y tecnificado que les margina. De un modo particular, el mundo rural y sectores urbanos empobrecidos, claman desde su postergación. Superar la pobreza y las grandes desigualdades, constituyen desafíos sociales que no pueden dejar de interpelarnos, también a nuestra sociedad y a sus líderes.
También la de los jóvenes

4.2. En las últimas semanas hemos visto algunas lamentables manifestaciones de violencia protagonizadas por jóvenes. En este contexto nos preocupa la anunciada puesta en vigencia de la Ley de responsabilidad penal adolescente. Esperamos que no sea una medida que ponga la atención del país sobre todo en soluciones punitivas, dejando de lado la prevención y la necesaria rehabilitación. Es urgente reflexionar sobre las verdaderas raíces del descontento juvenil, sobre el rol de las familias, los padres y educadores y sobre la mirada que tiene el Estado hacia los jóvenes. Necesitamos abrir reales oportunidades educativas y laborales a los jóvenes y a la acción preventiva, responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Un tema, sin duda, que requiere de una reflexión profunda es el influjo de algunos medios de comunicación en la exhibición de la violencia y en la focalización, a veces, unilateral de lo negativo.

Por otra parte, en esta Asamblea hemos meditado acerca de nuestro modo de acompañar a los jóvenes en nuestra pastoral y ofrecer una contribución relevante al mundo juvenil, deseoso de una justa atención. Como positivo y esperanzador nos parece apreciable el servicio al país que prestan miles de jóvenes a lo largo de Chile, participando en parroquias, colegios, movimientos apostólicos, instancias solidarias y de voluntariado. A ellos queremos acompañar con mayor presencia y abriendo nuevas instancias donde puedan conocer a Jesús, amarlo y servirlo en sus hermanos, llenando sus vidas de sentido. Vemos en muchos de estos jóvenes reflejada la esperanza que Chile debe renovar en este momento de la historia.

La Educación: tarea de todos

4.3. Hemos reflexionado sobre la iniciativa gubernamental para reformar la educación. Estamos conscientes de la necesidad de avances urgentes y significativos en esta materia. Valoramos todo cuanto ayude a mejorar la calidad de la enseñanza, y a hacer posible el acceso de todos a una educación digna, pero es necesario que en todo este proceso se excluyan visiones ideologizadas y se escuchen las voces de todos los sectores involucrados.
La Educación es un bien inestimable para cada persona, para las familias y la sociedad. Lo que hemos observado desde el año pasado, en diversas manifestaciones estudiantiles, en la opinión pública y en iniciativas gubernamentales, evidencia la justa y sincera aspiración de la sociedad a una educación de calidad para todos los chilenos y chilenas. El proceso de reflexión y de búsqueda, que ha tenido un hito en el informe elaborado por el Consejo Asesor Presidencial para la calidad de la Educación, ha alcanzado una nueva etapa con el Mensaje de la Sra. Presidenta de la República y la firma del Proyecto de Ley General de Educación, el 9 de abril en curso. Este último propone modificar la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, de 1990.

Aún es temprano para emitir un juicio más acabado sobre un proyecto de tanta trascendencia y proyecciones para el país. Merece ser estudiado diligentemente en todos sus aspectos e implicancias, para llegar a discernir sus fortalezas y debilidades, en orden a alcanzar una educación de calidad para todos los niños y jóvenes de Chile. La primera invitación es, pues, a involucrarse en su estudio, porque la educación es tarea de todos. De manera especial, invitamos a reflexionar a los padres de familia, a los educadores, a las instituciones educativas, al Gobierno y a quienes tienen la grave responsabilidad de legislar en esta materia. Se trata de buscar el bien de los educandos, de sus familias y de la sociedad entera. De una buena educación depende la realización de las personas y el progreso de la sociedad.

La Conferencia Episcopal de Chile, como lo ha hecho habitualmente, no dejará de ofrecer su aporte al bien común. Lamentamos la poca atención prestada a nuestra contribución, ofrecida a partir de una vasta experiencia y con la única intención de servir al país. Los siguientes puntos son temas irrenunciables para la Iglesia:

a. Derecho a una educación de calidad y con equidad para todos, especialmente para los más pobres.

b. Una educación centrada en la persona con sus dimensiones religiosa, moral, intelectual, social.

c. Una educación que apoya y refuerza el derecho prioritario de los padres de familia a elegir la educación de sus hijos.

d. Una educación que, al margen de toda uniformidad, respete y favorezca tanto la libertad de acceso y de ofrecimiento del servicio educativo, de acuerdo a los propios proyectos educacionales que aseguran una sociedad democrática y plural.

e. Una educación que estimule la construcción de un país más justo y solidario.
Con todo, creemos que el Proyecto de Ley recientemente presentado constituye una gran posibilidad para que en el Parlamento, los legisladores puedan dialogar con el gobierno y la ciudadanía en torno a la educación, tema tan crucial para el desarrollo de nuestra sociedad. Invitamos encarecidamente a abordar este tema en un diálogo respetuoso y constructivo, que verdaderamente ponga el bien del país por encima de los intereses particulares, aunque sean legítimos, a fin de que la nueva Ley sea beneficiosa para todos.

Mejorar la calidad de la política

5. Mirando el conjunto de los debates actuales, nos preocupa que mucha gente sienta una distancia creciente entre los discursos y los hechos; entre las promesas y sus realizaciones; entre sus problemas concretos que no son resueltos y los debates y polémicas a veces inconducentes. El país enfrenta hoy desafíos muy importantes, como la superación de los hechos de corrupción, y una tendencia peligrosa a exacerbar el conflicto, presentando una mirada pesimista de la realidad y un panorama desolador del futuro. Todo esto reclama un mejoramiento de la calidad de la política, recuperando su sentido más profundo de servicio al Bien Común. También más responsabilidad para dotarla de mayor legitimidad, comprometiendo al mismo tiempo una activa y responsable participación ciudadana en los asuntos de interés público.

6. De nada serviría crear grupos de trabajo plurales y diversos si las políticas que se implementasen finalmente privilegiaran una mirada y excluyeran otras. Deseamos que se acojan efectivamente las propuestas que se formulan con respeto, humildad y fundamento, y a todos pedimos que se hagan aportes constructivos en un clima de colaboración y diálogo.

La crisis del transporte público

7. La crisis del transporte público en la capital del país es un tema que trasciende a la gran ciudad, ha provocado muchos sufrimientos y sensibiliza a los chilenos de norte a sur. Somos testigos de la preocupación de la gente al ver tantos recursos concentrados en la capital, mientras en regiones hay necesidades postergadas. Hemos hablado a favor de la dignidad personal que tantos habitantes de Santiago, con razón, sienten vulnerada por estos días. Queremos que todas nuestras ciudades sean más modernas, limpias, amables y humanizadoras. Que sean espacios de integración y encuentro. Para esto se requiere la generosidad y el esfuerzo de todos; también el liderazgo efectivo de las autoridades en la solución de los problemas.

En las grandes decisiones, pensar en las personas

8. A quienes tienen altas responsabilidades en la conducción del país, les rogamos que en sus decisiones busquen siempre el bien integral de las personas. Son ellas quienes reciben la enseñanza, quienes viajan en el transporte público, los que se atienden en los consultorios, reciben las pensiones y postulan a subsidios de vivienda. Los cristianos estamos llamados a ver a Cristo en ese alumno, en ese pasajero, en ese enfermo, en ese hermano sin techo. Y para quienes han optado por el servicio público estas personas deben ser la razón de su servicio.

9. Pedimos al Señor que nos regale el don de escuchar con respeto, y la generosidad de adoptar las mejores soluciones para los grandes problemas nacionales. Ante las situaciones que vive nuestro país, reiteramos nuestro llamado a trabajar juntos para renovar la esperanza en el “alma de Chile”. Invitamos a rezar con filial confianza a la Santísima Virgen del Carmen, nuestra Madre y Reina por todas estas intenciones para el bien de Chile, que nos acompañe y nos enseñe a ser discípulos y misioneros de Jesucristo.

LOS OBISPOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

Punta de Tralca, 20 de abril de 2007

-El hoy Papa Benedicto XVI estuvo en Chile del 7 al 14 de julio de 1988, cuando era Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

-Esta es la crónica que se escribió en la revista Solidaridad, publicación oficial de la entonces Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago.

Cardenal Ratzinger: En la huella de su visita

20050419rat2.jpgEmotivo y muy significativo resultó el encuentro que sostuvo el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, con los pobladores y comunidades cristianas de base de la capilla “Jesús Sol Naciente”, en la zona norte de Santiago, la tarde del miércoles 13 de julio de 1988. El prelado alemán llegó hasta la marginal población de la Remodelación “Américo Vespucio” para interiorizarse de la realidad que viven los pobres y conocer en el terreno mismo la labor que en ese medio realiza la Iglesia Católica. Esta fue una de las múltiples actividades que desarrolló durante su visita al país, que se prolongó del 7 al 14 de julio. Monseñor Ratzinger se mostró muy interesado en conocer todos los aspectos del trabajo pastoral de la mencionada capilla. Requirió de cada uno de los responsables de los distintos equipos detalles de su funcionamiento. Hablaron, todos los coordinadores de las diversas áreas. Los representantes de las Ollas Comunes le hicieron entrega de una carta en la que contaban su situación. Por su parte, las mujeres del Taller de Cesantes le pidieron que entregara una hermosa arpillera al Papa Juan Pablo II, en la que mostraban las distintas facetas de la vida del Pontífice.
En cerca de 45 minutos, los pobladores le mostraron su labor en las comunidades, sus vidas, con sus problemas, alegrías, inquietudes y esperanzas. El prelado se mostró atento, interesado y acogió con cariño las peticiones formuladas. La Hna. Karoline Mayer fue la encargada de contar la historia de dicha comunidad. Posteriormente, celebró una Eucaristía en la parroquia San Alberto, la que fue concelebrada por el Cardenal Juan Francisco Fresno, el Vicario de la Zona Norte, Monseñor Antonio Moreno, y otros obispos y sacerdotes.

Encuentro con los pobres
20050419rat1.jpgEse mismo día, desde las 10.30 y hasta las cinco de la tarde, el Cardenal Ratzinger sostuvo un diálogo con los obispos chilenos, en la Casa de Retiros de Caritas. “No vengo solamente a enseñar, sino también para aprender y conocer los problemas que viven las conferencias episcopales”, señaló.

Entre los temas que se abordaron en el encuentro episcopal figuraron: cisma provocado por Lefebvre, Concilio Vaticano II y las conferencias episcopales. El problema de la Iglesia, dijo el Cardenal Ratzinger, es el problema de la verdad, “y la verdad no se dirime por mayorías”, aseguró. Al ser .consultado por la prensa sobre esta afirmación, reiterada en otras ocasiones, dijo: “no era una referencia a un caso concreto, sino un punto de vista general. La Iglesia no es como un Estado en que las cosas se manejan con la mecánica propia de los Estados, sino que el problema nuestro es el problema de la verdad, y la verdad no se dirime por las mayorías”.

Impresionado por la labor que la Iglesia chilena realiza en los sectores pobres, abandonó el país el Cardenal Joseph Ratzinger. El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, visitó el país durante una semana, invitado por la Conferencia Episcopal, el Arzobispo de Santiago y Cáritas-Chile.

Respecto al cisma provocado por Lefebvre, el Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe puntualizó que la Santa Sede “llegó al límite .de las concesiones posibles, pero no transó aquello que no es negociable: siempre ha estado claro que el Concilio Vaticano 11 es una parte esencial de la tradición católica, y el que desea vivir en comunidad con ella debe reconocerlo”.

En la Universidad Católica

20050419rat4.jpgComo una coronación a los festejos del centenario de la Pontificia Universidad Católica de Chile calificó la presencia del Cardenal Ratzinger en esa Casa de Estudios el rector Juan de Dios Vial Correa. En la ocasión sostuvo un encuentro con los estudiantes y académicos, respondiendo diversas inquietudes de los asistentes respecto a la Doctrina Social de la Iglesia, el concepto de pecado social y a la dignidad del hombre.

Respecto a la Doctrina Social de la Iglesia planteó que ella no puede ser una cosa meramente abstracta, “sino que madura en el diálogo con la realidad social y en referencia a su momento histórico”. Agregó que la Iglesia entrega los grandes principios, y “es responsabilidad y competencia de los laicos elaborar respuestas concretas, sea para la vida política, sea para la vida económica”.

Luego, el Cardenal Ratzinger dictó una clase magistral sobre el tema “Una mirada teológica sobre la procreación humana”, en el Salón de Honor de la Universidad Católica.

En la Cancillería
Por otra parte, después de su visita protocolar al canciller, Ricardo García, el prelado manifestó su deseo de que los problemas que afectan al país puedan ser resueltos pacíficamente. Aseguró que el Papa Juan Pablo II sigue con interés los acontecimientos chilenos. También sostuvo un encuentro con un grupo de empresarios.

Cáritas-Chile
El sábado 9 de julio, en tanto, bendijo e inauguró la nueva sede de la Escuela de Formación Profesional y del Voluntariado de Cáritas-Chile. En dicha ceremonia —que contó con la asistencia de altas autoridades de la Iglesia, gobierno, cuerpo diplomático y otras personalidades-, el Cardenal Ratzinger destacó la parábola del Buen Samaritano como ejemplo .de amor hacia el que sufre. “Ella nos enseña —dijo- que no son las grandes teorías las que salvan al mundo, sino más bien el coraje hacia los vecinos, la humildad de seguir la voz del corazón, que es la voz de Dios”.

20050419rat5.jpgAl concluir su visita, el jueves 14, el Cardenal Joseph Ratzinger manifestó su respaldo a la labor de la Iglesia chilena en pro de la reconciliación nacional. “He visto como están dispuestos los obispos a lograr la unión, no sólo entre ellos. Después de la visita que hiciera el Papa, están animados y se sienten principalmente empeñados en hacer todo lo posible por la reconciliación profunda de este país”.

Al despedirse recordó en forma muy especial su encuentro con los pobladores. “Me ha impresionado el cariño y el afecto de la gente. Ayer he tenido la oportunidad de visitar la parroquia San Alberto, en un barrio muy pobre, y he visto un gran sentido religioso y un gran empeño en trabajar por el futuro social y humano de este país.

SOLIDARIDAD No 272,

29 de julio al 11 de agosto de 1988

Mi palabra es una palabra de amor. He buscado a lo largo de mi vida amar entrañablemente a mi Señor. A El conocí desde niño. De El me entusiasmé siendo joven. A El he buscado servir como Sacerdote y como Obispo. Si tengo una invitación y un ruego que hacer con vehemencia es precisamente este. Que amen al Señor. Que conozcan su Palabra. Que lo escuchen en la oración. Que lo celebren en los sacramentos. Que lo sirvan en los pobres. Y que pongan en práctica su Evangelio en la vida de todos los días.

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Mi palabra es una palabra de amor a la Santa Iglesia. Fue la Iglesia doméstica en mi familia la que me enseñó a orar y a servir. Fue la Iglesia la que me educó en el amor y me regaló la fe. Fue la Iglesia la que me llamó, por el ejemplo de Don Bosco, a servir a los jóvenes y a los pobres. Fue la Iglesia la que me dio grandes responsabilidades a pesar de mis limitaciones. Fervientemente eso les pido: amen a la Iglesia. Manténganse unidos al Papa y a sus Obispos. Participen activamente en la comunidad eclesial. Tengan misericordia con sus defectos, y sobre todo sepan apreciar su santidad y sus virtudes. Procuren en todo momento que ella proclame con alegría y entusiasmo la Buena Noticia que su Maestro le encargó anunciar a todos.

Mi palabra es una palabra de amor a Chile. He amado intensamente a mi país. Es un país hermoso en su geografía y en su historia. Hermoso por sus montañas y sus mares, pero mucho más hermoso por su gente. El pueblo chileno es un pueblo muy noble, muy generoso y muy leal. Se merece lo mejor. A quienes tienen vocación o responsabilidad de servicio público les pido que sirvan a Chile, en sus hombres y mujeres, con especial dedicación. Cada ciudadano debe dar lo mejor de sí para que Chile no pierda nunca su vocación de justicia y libertad.

Mi palabra es una palabra de amor a los pobres. Desde niño los he amado y admirado. Me ha conmovido enormemente el dolor y la miseria en que viven tantos hermanos míos de esta tierra. La miseria no es humana ni es cristiana. Suplico humildemente que se hagan todos los esfuerzos posibles, e imposibles, para erradicar la extrema pobreza en Chile. Podemos hacerlo si en todos los habitantes de este país se promueve una corriente de solidaridad y de generosidad. Los pobres me han distinguido con su cariño. Sólo Dios sabe cuándo les agradezco sus muestras de afecto y su adhesión a la Iglesia.

Mi palabra es una palabra de amor especial a los campesinos que trabajan con el sudor de su frente y con quienes compartí desde mi infancia. En ellos hay tantos valores que no siempre la sociedad sabe apreciar. Quiero pedir que se los ayude y se los escuche. A ellos les pido que amen y que cuiden la tierra como un hermoso don de nuestro Dios.

Mi palabra es una palabra de amor a los jóvenes. En los primeros y en los últimos años de mi ministerio sacerdotal a ellos les he dedicado de un modo especial mi consejo y mi amistad. Los jóvenes son buenos y generosos. Pero necesitan del afecto de sus padres y del apoyo de sus profesores para crecer por el camino de la virtud y del bien. La Iglesia y Chile tienen mucho que esperar de una juventud que está llamada a amar con trasparencia y cuya voz no puede ser desoída.

Mi palabra es una palabra de amor a mis hermanos obispos y a los sacerdotes que con tanto celo sirven a su pueblo. Doy las gracias a quienes colaboraron conmigo en tantas tareas hermosas que emprendimos, primero en la amada Iglesia de Valparaíso, y después en esta muy amada Iglesia de Santiago. A los laicos que tan lealmente me dieron su amistad y su cooperación les deseo que su trabajo sea comprendido y valorado. Que no se cansen en su servicio. Y que cuiden de un modo especial a sus familias.

Mi palabra es una palabra de amor a todos. A los que me quisieron y a los que no me comprendieron. No tengo rencor. Sólo tengo palabras para pedir perdón y para perdonar. Sólo tengo palabras para agradecer tanta bondad que
he recibido.

A la Virgen Santa me encomiendo, ya que ella es el Auxilio de los cristianos.

A todos les doy mi bendición en el nombre del Señor.

RAÚL CARDENAL SILVA HENRÍQUEZ

AL EPISCOPADO, AL CLERO,
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
Y A LOS FIELES LAICOS
SOBRE LA EUCARISTÍA
FUENTE Y CULMEN DE LA VIDA
Y DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA
Introducción

Alimento de la verdad
Desarrollo del rito eucarístico
Sínodo de los Obispos y Año de la Eucaristía
Objeto de la presente Exhortación

PRIMERA PARTE: EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CREER
La fe eucarística de la Iglesia
Santísima Trinidad y Eucaristía
El pan que baja del cielo
Don gratuito de la Santísima Trinidad
Eucaristía: Jesús, el verdadero Cordero inmolado
La nueva y eterna alianza en la sangre del Cordero
Institución de la Eucaristía
Figura transit in veritatem
El Espíritu Santo y la Eucaristía
Jesús y el Espíritu Santo
Espíritu Santo y Celebración eucarística
Eucaristía e Iglesia
Eucaristía, principio causal de la Iglesia
Eucaristía y comunión eclesial
Eucaristía y Sacramentos
Sacramentalidad de la Iglesia

I. Eucaristía e iniciación cristiana
Eucaristía, plenitud de la iniciación cristiana
Orden de los sacramentos de la iniciación
Iniciación, comunidad eclesial y familia

II. Eucaristía y sacramento de la Reconciliación
Su relación intrínseca
Algunas observaciones pastorales

III. Eucaristía y Unción de los enfermos

IV. Eucaristía y sacramento del Orden
In persona Christi capitis
Eucaristía y celibato sacerdotal
Escasez de clero y pastoral vocacional
Gratitud y esperanza

V. Eucaristía y Matrimonio
Eucaristía, sacramento esponsal
Eucaristía y unidad del matrimonio
Eucaristía e indisolubilidad del matrimonio
Eucaristía y escatología
Eucaristía: don al hombre en camino
El banquete escatológico
Oración por los difuntos
Eucaristía y la Virgen María

SEGUNDA PARTE: EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CELEBRAR
Lex orandi y lex credendi
Belleza y liturgia
La Celebración eucarística, obra del «Christus totus»
Christus totus in capite et in corpore
Eucaristía y Cristo resucitado
Ars celebrandi
El Obispo, liturgo por excelencia
Respeto de los libros litúrgicos y de la riqueza de los signos
El arte al servicio de la celebración
El canto litúrgico
Estructura de la celebración eucarística
Unidad intrínseca de la acción litúrgica
Liturgia de la Palabra
Homilía
Presentación de las ofrendas
Plegaria eucarística
Rito de la paz
Distribución y recepción de la eucaristía
Despedida: « Ite, missa est »
Actuosa participatio
Auténtica participación
Participación y ministerio sacerdotal
Celebración eucarística e inculturación
Condiciones personales para una « actuosa participatio »
Participación de los cristianos no católicos
Participación a través de los medios de comunicación social
«Actuosa participatio» de los enfermos
Atención a los presos
Los emigrantes y su participación en la Eucaristía
Las grandes concelebraciones
Lengua latina
Celebraciones eucarísticas en pequeños grupos
La celebración participada interiormente
Catequesis mistagógica
Veneración de la Eucaristía
Adoración y piedad eucarística
Relación intrínseca entre celebración y adoración
Práctica de la adoración eucarística
Formas de devoción eucarística
Lugar del sagrario en la iglesia

TERCERA PARTE: EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE VIVIR

Forma eucarística de la vida cristiana
El culto espiritual – logiké latreía (Rm 12,1)
Eficacia integradora del culto eucarístico
«Iuxta dominicam viventes» – Vivir según el domingo
Vivir el precepto dominical
Sentido del descanso y del trabajo
Asambleas dominicales en ausencia de sacerdote
Una forma eucarística de la existencia cristiana, la pertenencia eclesial
Espiritualidad y cultura eucarística
Eucaristía y evangelización de las culturas
Eucaristía y fieles laicos
Eucaristía y espiritualidad sacerdotal
Eucaristía y vida consagrada
Eucaristía y transformación moral
Coherencia eucarística
Eucaristía, misterio que se ha de anunciar
Eucaristía y misión
Eucaristía y testimonio
Jesucristo, único Salvador
Libertad de culto
Eucaristía, misterio que se ha de ofrecer al mundo
Eucaristía: pan partido para la vida del mundo
Implicaciones sociales del Misterio eucarístico
El alimento de la verdad y la indigencia del hombre
Doctrina social de la Iglesia
Santificación del mundo y salvaguardia de la creación [
Utilidad de un Compendio eucarístico

Conclusión

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html

El Papa durante el Rosario Universitario del sábado

Vaticano, 11 Mar. 07 / 08:04 am (ACI).- El sábado por la tarde miles de universitarios en diferentes ciudades de Europa y Asia, se reunieron para rezar el Santo Rosario con ocasión de la V Jornada Europea de los Universitarios, con el Papa Benedicto XVI quien al final del Rosario recordó a los presentes que la sabiduría cristiana es sabiduría de la Cruz, donde el misterio del amor de Dios realiza su más alta revelación.

La jornada tuvo por tema “La caridad intelectual, camino para una nueva cooperación Europa- Asia” y el Papa, dirigiéndose a los jóvenes reunidos en Praga, Calcuta, Hong Kong, Boloña, Cracovia, Torino, Manchester, Manila, Coimbra, Tirana y Islamabad-Rawalpindi, se refirió a la “caridad intelectual como fuerza del espíritu humano, capaz de reunir los itinerarios formativos de las nuevas generaciones”.

“La caridad intelectual –dijo- puede unir el camino existencial de jóvenes que, a pesar de vivir separados por grandes distancias los unos de los otros, consiguen sentirse unidos al nivel de la búsqueda interior y del dar testimonio”.

El Pontífice pidió a los jóvenes ser “promotores de hermandad bajo la insignia del amor intelectual, buscando una solidaridad que no se mueve por intereses económicos o políticos, sino por el estudio y la búsqueda de la verdad”.

Más adelante afirmó que “la sabiduría cristiana es sabiduría de la Cruz: los estudiantes y los docentes cristianos, interpretan toda realidad a la luz del misterio del amor de Dios que tiene en la Cruz su más alta y realizada revelación”.

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