nacional211.jpgMe encuentro en el quirófano, acostado boca arriba, la cabeza en una almohada pequeña y las luces deslumbrantes sobre mi rostro. Se está realizando una operación de corazón abierto. El mío. Me inclino un poco y puedo ver al médico. El gira su cabeza hacia mí y con voz suave y confortante me dice:

-Tu corazón se encuentra endurecido y envejecido. Es muy peligroso.

-¿Endurecido? -pregunto, sorprendido.

-Y envejecido -me responde, con voz suave.

-¿Envejecido? ¿A mi edad? -pregunto, más extrañado aún-. ¿Cómo puede ser?

El médico gira su cuerpo hacia mí completamente y me dice:

-Endurecido y envejecido. Algunas cosas logran ese efecto: tu poco esfuerzo y tus virtudes adormecidas, la suciedad del mundo y las pasiones, la falta de oración y las pocas visitas de Dios en él. Pocas personas saben esto. Viven de esta manera y mueren pronto. No es bueno que continúes como estás ahora. Necesitas que te cambie el corazón.

-Deseé cambiar mi corazón antes, pero no pude. Ahora lo veo claro; yo sólo no podía… Gracias por traerme aquí -digo, inclinando la cabeza hacia atrás de nuevo. El toma mi mano en un gesto de comprensión y yo agrego, en un hilo de voz:- Sigue, por favor; haz lo que desees conmigo.

Y Jesús siguió adelante con la cirugía.

Señor Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al Tuyo

Anonimo.